Martín Krause es rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) en Buenos Aires y corresponsal de la Agencia Interamericana de Prensa Económica. Es profesor de Economía en la Universidad de Buenos Aires y profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Recibió su doctorado en Administración en la Universidad de La Plata, Argentina.
El último éxito comercial de Hollywood presenta la vieja fórmula de la lucha entre buenos y malos y el triunfo final de la justicia; sólo que, en vez de ser los yanquis los buenos y los nazis los malos, los primeros son una tribu naturista y los otros, una perversa compañía motivada por la maximización del lucro.
Los recientes sucesos en la estación ferroviaria de Constitución, en Buenos Aires, y las decisiones el gobierno argentino de dar marcha atrás con algunas concesiones de servicios que fueran privatizados, plantea no solamente una discusión sobre la calidad de esos servicios sino también una sobre las reformas realizadas oportunamente.
Los argentinos, tal como conejillos de indias en un laboratorio, nos vemos sujetos a distintos experimentos y siempre nos plantean que ahora sí, que éste nuevo va a ser el que verdaderamente va a funcionar. ¿Cómo podemos saberlo? Tal vez sea esta la propuesta correcta o tal vez no, el problema es que lo vamos a saber dentro de diez años, cuando algún futuro gobierno nos proponga la esperada reforma.
A inicios de este año, el presidente venezolano Hugo Chávez—con su mezcla única de revolución socialista y folclor regional—recibió una bienvenida de lujo por parte del alcalde de Londres, Ken Livingstone. Este último viernes, en Trafalgar Square, se “celebró la amistad” entre Londres y Caracas, “dos grandes ciudades”, con un concierto gratuito (cortesía de los contribuyentes londinenses).
La oportunidad fue la reunión cumbre en Austria entre presidentes y primeros ministros de América Latina y la Unión Europea. Supuestamente iban a discutir los pasos para avanzar en el camino del libre comercio entre los dos bloques comerciales. Esta ha sido una iniciativa europea para contraponer al ALCA, impulsado por los Estados Unidos.
Las Naciones Unidas abogan por una “globalización equitativa”. Esa definición es típica de un organismo internacional, donde se busca alcanzar acuerdos utilizando un lenguaje aceptado por todos, que signifique todo para todos o, más bien, nada. Es que la palabra “equitativa” relacionada a la globalización puede ser interpretada por un liberal como el respeto igualitario a los derechos individuales en todo el mundo o, por un socialdemócrata, como la necesidad de instrumentar una redistribución masiva de ingresos a escala global.
Poco antes de las elecciones legislativas y locales en la Argentina, en octubre de 2005, el intendente de la ciudad de Gualeguaychú, sobre el río Uruguay que establece el límite con ese país, encontró un tema que podía aportarle votos: denunciar la instalación de dos plantas de fabricación de papel en la otra orilla del río. Pero un tema planteado para alimentar una campaña electoral empezó a crecer hasta que se fue de las manos de los mismos políticos que lo habían lanzado.
Desde hace varias semanas están en huelga obreros petroleros argentinos, que entre diversas manifestaciones efecturaon un con un corte de ruta, lo que a su vez derivó en la detención de uno de los dirigentes gremiales.Y es interesante conocer el motivo del conflicto: el impuesto a las ganancias. Estos obreros muy bien remunerados han gozado de aumentos salariales por encima de una inflación del 70% en el índice de precios desde la devaluación de 2002 y esto los ha empujado sobre el mínimo imponible para el impuesto a las ganancias. Ahora tienen que pagarlo y se enfrentan con la empresa, como si ésta fuera responsable de la deducción impositiva que sufren en sus salarios.
El enfoque mercantilista del Mercosur hace que sus líderes se preocupen por el “desequilibrio” del comercio, turno que ahora le toca a la Argentina, nación que viene mostrando un continuo déficit comercial con Brasil y quiere “balancearlo”. Curiosamente, dicho “desequilibrio” ha estado ocurriendo por meses, en los que Argentina sufrió la mayor devaluación de su moneda en la historia y la moneda brasileña, por el contrario, se ha revaluado.
Durante muchos años se sostuvo, y aún hoy, que cierto tipo de bienes tienen características especiales que los convierten en “monopolios naturales”. Pero la teoría del monopolio natural basada en las economías de escala no toma en cuenta que tales monopolios son destruidos por la innovación tecnológica y que ésta es frenada cuando se pasa del monopolio “natural” al monopolio “legal” respaldado por el gobierno, el cual impide el ingreso de competidores.
Según varios economistas que han estudiado el fenómeno, los políticos buscan su reelección ya sea para obtener rentas propias o para instrumentar sus políticas preferidas. Los votantes no pueden darse cuenta fácilmente de la capacidad del gobernante o del nivel de endeudamiento, por lo que los políticos van a tender a endeudarse y producir déficit para aparecer más competentes ante los votantes de acuerdo con el calendario electoral.
Si alguna cosa positiva pudiera extraerse de una crisis económica debería ser, al menos, la posibilidad de aprender una lección para no volver a cometer los mismos errores. Los argentinos hemos vivido varias décadas de elevada inflación, incluyendo dos hiperinflaciones, y todavía se sigue creyendo a gobernantes que mantienen que los causantes de los aumentos de precios son los insaciables comerciantes y empresarios.
Tres economistas griegos de la Universidad de Atenas, han elaborado un modelo para examinar si las transferencias de ayuda distorsionan los incentivos individuales y deterioran el crecimiento, fomentando la "búsqueda de rentas" en lugar de actividades productivas.
No es posible predecir cuánto avanzaremos en aprender de nuestras equivocaciones. Sólo hemos aprendido lecciones luego de alguna tremenda crisis: desaparecidos, hiperinflación, cesación de pagos.
El BM, que normalmente se ocupa de la pobreza, parecía haber olvidado aquella lección básica y fundamental de Adam Smith que para poder superarla es necesario comprender cómo se genera la riqueza.
El dólar es el principal medio de cambio y desde ya la principal "reserva de valor" de los cubanos, quienes mantienen sus ahorros en esa moneda y lejos de los bancos oficiales.