Natural de Hermosillo, México, se graduó de la escuela de economía y administración del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Obtuvo la Maestría en Administración en la UNAM. Graduado en alta dirección en IPADE. Maestría en Economía en George Mason University.
Desde Rusia hasta los EE.UU., el crimen organizado es un factor neurálgico en las economías del mundo. Es un tema que no aprendimos en los libros de texto y casi nadie habla de ello. Lo que los sicilianos llaman Sistema de Poder, cada día tiene un papel más importante en el cincelado de las funciones económicas mundiales.
En septiembre de 1973, impresionado atestiguaba las agonías de nuestro Presidente Echeverría cuando un golpe militar derrocaba al marxista Salvador Allende e instalaba en Chile una dictadura militar. Se iniciaba así un capítulo de nuestra historia que enfrentaría con pasión a la comunidad internacional durante las siguientes casi dos décadas.
Era Mayo de 1983 y, simulando un silencioso centinela, me paraba ante la puerta fronteriza entre Macao y la China continental, para observar la panorámica de esa misteriosa China Comunista la cual me parecía una fantasmal, inmensa y desolada región.
Los políticos son descritos como maximizadores de votos y lo único que les interesa es retener sus “huesos”. Para conseguirlo utilizan estrategias que van desde la compra de votos hasta la intimidación y el chantaje. Prometen a los votantes beneficios sin importar costos sabiendo que no van a cumplir.
¿Por qué en estos años 40 millones de seres humanos han abandonado sus países para, “de forma ilegal”, emigrar a los EE.UU.?. Tony Blair afirma que la grandeza de las naciones se mide por el número de seres humanos que las abandonan, o, pacíficamente los invaden. Si es así, podemos afirmar que somos originarios de países enanos.
La plebe quiere democracia pero no libertad. Es la plebe la que cierra puentes, es el pueblo el que trabaja; es la plebe la que destruye las puertas del Congreso, es el pueblo el que las repara. Es la plebe infiltrada en el Congreso la que impide las reformas para modernizar el país, es el pueblo el que sigue sufriendo. Es la plebe la que controla monopolios como el de Telmex, es el pueblo el que paga los abusos.
El derrumbe de las monarquías europeas daba paso a los bolcheviques y a dos hombres que harían temblar al mundo: Hitler en Alemania con su Nacionalismo Socialista, y Mussolini en Italia con su fascismo. Ambos construían un todopoderoso estado frente a un sumiso individuo, pieza del nuevo rompecabezas que lo incrustaba en un aparato controlado por un tirano con ropajes más letales que lo que abandonaban.
Cuando en 1932 los Demócratas seleccionaban a Franklin Delano Roosevelt como candidato a la presidencia, la plataforma del partido no revelaba las drásticas medidas de corte socialista que se activarían en la primera etapa del New Deal, sino más bien lo contrario.
Cuando un gobierno trata de aliviar una depresión, la mejor estrategia es no intervenir y dejar que los mercados fluyan de forma natural. La acción más sensata que un gobierno debe asumir, es reducir y ajustar su presupuesto para dejar que la economía haga sus propios colados. Sin embargo, lo que se cocinaba era todo lo contrario.
La Gran Depresión de 1929 se podría comparar con la crisis que abrazara México después del error de Diciembre de 1994 en la cual, los banqueros participaran como especuladores confeccionando la burbuja que luego explotara. Pero algo que debería de haber sido solo una ruda sacudida del árbol, las desesperadas intervenciones del gobierno la convirtieron en eso, la gran depresión.
El desplome de Wall Street de Octubre de 1929 y la gran depresión que le siguiera, permanecen como grandes misterios de la historia económica mundial. Los EE.UU. durante los años 20 permanecía siendo una economía relativamente libre en la cual los mercados operaban todavía de forma armoniosa, pero cargaba ya una peligrosa amenaza.
En 1810, Tocqueville reportaba haber arribado a un país ausente de realeza, sin aristócratas, sin caudillos militares, sin políticos profesionales, con religiones que convivían. Un país con una vibrante sociedad civil organizada en cientos de asociaciones, con un gobierno acotado, pequeño y controlado por un sistema republicano. Describía la nueva Republica Comercial de los EE.UU. pronosticando una corta metamorfosis que lo convertiría, en unos cuantos años, en una gran potencia mundial.
La globalización, sin ese nombre, cabalgaba en todo su apogeo hace más de cien años y fue la característica más importante del Siglo dorado de la humanidad; El Siglo XIX. Es más, en esa época era un concepto sumamente avanzado inclusive para los estándares de esos tiempos.
Para los miembros del establishment mundial, las políticas económicas liberales son como la kryptonita para Superman. No les interesa una sociedad libre, independiente y responsable porque se les terminan sus cotos de poder y las minas de corrupción.
Alrededor del año 1500, China era la civilización más avanzada del mundo, sin embargo, durante los siguientes siglos permaneció adormecida para luego caer en las garras del comunismo a mediados del siglo XX. Después de una gran humillación, anarquía y desorden, en 1979 iniciaron un ambicioso cambio de reglas.
Ante la avalancha de estiércol vertido por los Hugos Chávez en todo el sur de nuestro continente, la historia de una muy peculiar transformación política y económica al sur de los EE.UU. es de narrada en un excelente libro; “La Revolución Capitalista en América Latina,” escrito por el brillante economista Paul Craig Roberts.
A través de la historia la violencia ha sido una daga apuntando al corazón de las economías. En el bajo mundo son las extorsiones, los chantajes, los secuestros. En el mundo comercial son las huelgas, boicots, expropiaciones y la represión policial.
Si México quiere dejar atrás sus problemas, cambios radicales son necesarios. Hoy día se necesita una nueva revolución, pero no queremos una revolución armada, queremos una revolución de ideas. Y ese cambio solo se dará basado en la fuerza de la sociedad y un estado de derecho.