Carlos Alberto Montaner nació en La Habana en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en varias instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince títulos, entre los que se destacan sus libros de ensayos Doscientos años de gringos, La agonía de América, Libertad, la clave de la prosperidad, No perdamos también el siglo XXI y Viaje al corazón de Cuba. Es coautor de Manual del perfecto idiota latinoamericano, de Fabricantes de miseria y de El regreso del idiota. Como narrador, ha publicado las novelas Trama y Perromundo. Ha sido traducido al inglés, al italiano, al portugués y al ruso. Semanalmente varias docenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos reproducen su columna periodística. Además, es conductor del programa televisivo Pronósticos. La revista española Cambio 16 lo ha calificado como «el columnista de mayor divulgación en lengua española». Vive en Madrid desde 1970. Es vicepresidente de la Internacional Liberal.
Einstein estaba entre los genios persuadidos de que había un ``gran diseño'' tras la Creación. Stephen Hawking, el gran físico británico, junto al no menos brillante Leonard Mlodinow, acaban de negar esa posibilidad en un libro que estimulará una enorme (y bienvenida) discusión.
La situación venezolana se tensa peligrosamente. Dice Ramón Guillermo Aveledo que las elecciones al Parlamento del próximo 26 de septiembre tal vez sean las últimas que conozca el país.
Raúl Castro, lentamente, sin prisa, ha emprendido un viaje al pasado. Quiere regresar al 13 de marzo de 1968. En esa fecha, su hermano Fidel confiscó y estatizó casi 60.000 microempresas que todavía estaban en manos privadas, dado que las grandes y medianas ya habían sido engullidas en los primeros dos años de dictadura.
Estados Unidos tiene dos maneras eficaces de combatir la inmigración ilegal: una, muy cuesta arriba, es tratando de fortalecer el desarrollo económico y el Estado de Derecho en las sociedades de donde proceden esas personas para que la población no escape; la otra, la más expedita, potenciando la inmigración legal en vez de obstaculizarla.
El día 13 de agosto Fidel Castro cumple 84 años. Hace pocas semanas Raúl alcanzó los 79. Son dos ancianitos. Fidel parece haberse recobrado de la gangrena intestinal que casi lo liquidó, pero los síntomas de deterioro mental continúan vigentes. El diagnóstico que sotto voce manejan sus médicos cubanos es ``demencia vascular''.
Chávez y Fidel, con la aceptación a regañadientes de un Raúl que carece de poder para oponerse, aunque está convencido de que Chávez es un cretino medio loquito, y no se explica cómo su hermano lo ama, han retomado la idea de unir a los dos países en una suerte de federación.
Colombia aportó las fotos, los videos y las coordenadas y lo demostró claramente en el seno de la OEA: Venezuela es la retaguardia de las narcoguerrillas de las FARC y del ELN.
Fui a darles un abrazo a los presos recién llegados a España. Fue muy emotivo. Es imposible contener las lágrimas. Uno las esconde, por esa maldición terrible de que los hombres no lloran, pero los ojos suelen hacer lo que les da la gana.
En Cuba se entra o se sale de la cárcel por razones de Estado, no de derecho. Raúl Castro ha decidido poner en libertad a 52 presos de conciencia. Es su opción menos mala. Esta vez la oposición lo derrotó.
La noticia de los espías rusos descubiertos en Nueva York, más allá de los aspectos bufos de este episodio, es una mina de interesantísima información y análisis.
Hay algún legislador norteamericano empeñado en proclamar en Estados Unidos el derecho de sangre y renunciar al de suelo. El propósito (no declarado) es proteger la supremacía cultural y demográfica de los ``anglos'' frente al aluvión de inmigrantes.
La enciclopedia de nuestro tiempo se llama Wikipedia. Es una obra colectiva y anónima editada en Internet, con la que espontáneamente y sin dirección previa colabora un ejército de voluntarios. Wikipedia es también un terreno de batalla ideológica en el que no faltan las mentiras o la sesgada selección de información para distorsionar la imagen del adversario al que quieren destruir.
Hoy la izquierda, la mal llamada “progresía” –gentes que, paradójicamente, admiran el modelo de desarrollo de los pueblos que menos progresan--, se sirve del antiisraelismo como una seña de identidad que le ahorra el trabajo de elaborar un discurso político y social complejo.
Israel es el único Estado del planeta que no tiene derecho a defenderse. Sus enemigos siempre esperan que se deje aplastar dócilmente. ¿Por qué? Porque los elementos antidemocráticos, especialmente a la izquierda del espectro político, mezclando antisemitismo, antisionismo y antieconomía libre en el mismo odio profundo y visceral, lo han convertido en el enemigo perfecto.
Cincuenta y cuatro millones de musulmanes viven en Europa. Según afirma el parlamentario holandés Geert Wilders, en sólo 12 años el 25 por ciento de la población europea será mahometana. Los hispanos ya constituyen la mayor minoría en Estados Unidos, pero en torno al 2050 será el segmento étnico mayoritario. Serán unos cien millones y habrán superado el número de anglos.
En la segunda mitad de la década de los ochenta, Raúl Castro ya sabía que el sistema comunista era tremendamente improductivo. La isla, pese al enorme subsidio soviético, se hundía progresivamente en la miseria. Entonces le dio por pensar que la clave del desastre económico cubano se debía a la pobre gerencia de la burocracia gubernamental...
Los gobiernos, incluso los más honrados, tienen una enorme capacidad potencial para crear las crisis y, en cambio, muy pocos instrumentos para solucionarlas. Son prisioneros de sus compromisos electorales, de la clientela política a la que deben contentar y de las reglas demagógicas que aprueban para mantenerse en el poder.
Antanas Mockus, el candidato puntero en las próximas elecciones colombianas, es un hombre curioso. Posee bien ganada fama de genio matemático y de funcionario honrado. Pero desde el punto de vista clínico, Mockus exhibe un claro trastorno de personalidad: es un histrión.
En las sociedades totalitarias la pena de no ser libre y de andar disfrazado se somatiza de diversas maneras: desde el nudo en la garganta hasta un malestar difuso que se expresa con distintos comportamientos neuróticos.
Evo Morales no es un hombre malo que quiere hacerles daño a sus compatriotas. Se trata de un pobre ignorante cuyos conocimientos de economía, derecho y relaciones internacionales son similares a los que tiene de genética y de historia.